LA TIERRA Y EL PODER MILITAR EN COLOMBIA
Por Darío Fajardo Montaña, tomado de argenpress.info
La relación histórica entre el poder militar y el latifundio en Colombia
(Cuaderno N° 1: Tierra, Poder
Polític o y Reformas Agraria y Rural. ILSA. Bogotá. Agosto 2002.
Pag 31y 32).
Una observación persistente frente a la sociología política
colombiana es el profundo desconocimiento del país sobre sus Fuerzas
Armadas y el marginamiento que caracteriza a esta institución en el conjunto
de la Nación.
Al examinar la formación de los ejércitos en Venezuela y la Nueva
Granada durante la guerra de independencia, un agudo analista de la historia
nacional, Fernando Guillén Martínez, destacó que en Colombia
se formo 'un espíritu de cuerpo' al servicio de intereses de grupo y
no como en Venezuela, al servicio de la Nación. (Guillén 1979,
297).
Los 'Generales Hacendados' alcanzaron un peso político determinante en
la alta oficialidad y, aliados con los demás miembros de las clases dominantes,
se orientaron a debilitar el ejército que formó el Libertador
Simón Bolívar como herramienta para la emancipación y la
construcción de naciones libres e independientes, capaces de producir
un equilibrio político frente a los grandes centros del poder internacional.
El proyecto político de los
Hacendados de la Nueva Granada se orientó hacia el fortalecimiento de
los poderes regionales, en desmedro de los gérmenes de un poder central
y de su expresión militar. Esta orientación, sumada a la debilidad
fiscal del Estado condujo al manejo de los 'territorios baldíos de la
Nación' como fuente de ingresos fiscales y como recompensa militar. Esto
contribuyó a la formación económica, política y
social del latifundio republicano.
La oposición de la clase dominante neogranadina a la formación
de un ejército profesional fue entonces un rasgo de la historia política
del país en el siglo XIX; otro, fue el telón de fondo de las recurrentes
guerras regionales y bipartidistas en la que se trenzaron los diversos Generales
Hacendados por el control del gobierno Nacional. Inicialmente se tradujo en
oposición al Libertador, luego al general Urdaneta y a la oficialidad
venezolana, para afianzarse más tarde con la derrota militar y ulterior
represión de los artesanos y de su adalid el general José María
Melo en 1854. A finales del siglo, la correlación de las fuerzas económicas
y políticas del país configuró un nuevo 'momento fundacional'.
Su expresión fue la constitución de 1886 y su signo político,
el autoritarismo, claves dentro de las que se creó el Ejército
Nacional de Colombia.
A partir de la conformación
regular del Ejército, el reclutamiento de su oficialidad ha ocurrido
principalmente entre las capas medias de provincia, caracterizadas por su peculiar
tradicionalismo político, religioso y cultural, que ha facilitado el
reforzamiento de los nexos entre terratenientes y militares: los jóvenes
oficiales destacados, al mando de unidades locales, en particular a partir de
la violencia de los años 50, han sido atraídos sistemáticamente
por los terratenientes mediante 'compañías' y facilidades para
adquirir tierras y ganados con el único fin de garantizar la protección
militar. Los vínculos así creados explican la formación
de una nueva capa de 'ex Generales Hacendados', elemento esencial de la constelación
latifundiaria, característica en regiones como el Magdalena Medio, el
Meta y Caquetá.
Doctrina cumplida
Esta situación política interior, en que las lealtades del Ejército
continuaban comprometidas con los Poderes Regionales, confluyó con el
desarrollo de la Doctrina de la Seguridad Nacional de Estados Unidos, que desdibujó
los objetivos de los ejércitos como defensores de la nacionalidad, y
los suplantó por la defensa a ultranza de los intereses estadounidenses.
De este modo, las Fuerzas Armadas
se convirtieron en ejércitos de ocupación de su propio país.
La Doctrina de la Seguridad Nacional de los Estados Unidos incorporó
las experiencias de las guerras contra-insurgentes de Argelia, Indochina y otros
países y dentro de ellas abrió espacio a la formación de
grupos especiales, encargados de la 'guerra sucia'. El Ejército colombiano
adoptó a profundidad esta doctrina y tradujo en ella su propia experiencia
construida durante los años de la llamada 'primera violencia' con los
'pájaros y chulavitas', embriones de los futuros paramilitares. (Véase
El Terrorismo de Estado en Colombia, Bruselas, 1992).
Las clases dominantes optan
Opuestas de manera violenta y reiterada a una reforma agraria efectiva, las
clases dominantes colombianas, dieron como únicas alternativas a los
campesinos sin tierra, contratos de aparcería, o la colonización
en regiones marginales. A su vez, la crisis de la agricultura condujo a generar
en estas últimas el escenario obligado para implantar los cultivos proscritos,
precisamente a finales de la década del pacto de Chicoral (años
70).
Los grandes narcotraficantes encontraron así una población forzada
a producir los cultivos proscritos como única alternativa de ingresos.
A ella se le obligó por medio del terror a trabajar, o a entregar a bajos
precios su producción. En estas condiciones la guerrilla entró
a mediar a favor de los colonos y a ampliar su base social.
Así se definieron nuevos campos de confrontación, en los que las
fuerzas institucionales entraron a apoyar a los narcotraficantes en las zonas
de producción de de sus cultivos y además en todos los escenarios
de la vida del país: desde los reinados de belleza y el parlamento, hasta
las operaciones militares, en su planificación, organización y
ejecución.
En síntesis, el desarrollo
de esta política, aplicada además para apoyar la expansión
del control de tierras y territorios, como se dijo anteriormente, tiene raíces
en las viejas relaciones de los hacendados con las instituciones armadas del
Estado. Esas relaciones se preservan en un 'continuum' que se extiende desde
los enfrentamientos de los Hacendados con los colonos y agregados de la década
de los 20, la formación y operación de de los grupos Para-policiales
durante la llamada Violencia (chulavitas, pájaros etc.) en la década
de los 50 y la cadena del Paramilitarismo actuante desde los 80 hasta hoy, animada
por las 'alianzas estratégicas' con los narcotraficantes. (Betancurt
y García, 1990).
De lo anterior se desprende el porqué de tan obstinada resistencia del
estamento militar a cualquier posibilidad de cambio en el régimen agrario
y aún más a una reforma agraria democrática.
* Darío Fajardo es antropólogo de reconocida y amplia trayectoria
investigativa del problema agrario colombiano.