UN EJÉRCITO TORTURADOR
Por Melquizedec Torremolinos, ANNCOL (10/01/2007)

Con interés la opinión pública ha seguido la noticias de las torturas y la corrupción en las fuerzas militares.
Definitivamente, el ejército colombiano está muy mal. Las recientes denuncias de golpizas a nalga limpia contra soldados que prestan el servicio militar obligatorio y los mercenarios profesionales, en el narco- para- ejército colombiano, demuestra el desprecio de la oficialidad a todo nivel, por sus tropas. Es el transplante de escenario de la cruenta lucha de clases que padece la sociedad colombiana, en una de las Instituciones más perversas, pavorosas y odiadas en que el ejército arrodillado a los dictados de Washington, ora por la guerra fría anticomunista y ahora por la montada lucha "antiterrorista" del Imperio, practica a diario, por la concepción de un ejército bajo la Doctrina de Seguridad Nacional, en el que su comportamiento es de verdadero invasor y agresor contra su propio pueblo, al cual tortura.

El ejército colombiano que cuenta como su Sexta División el aparato asesino narco- paramilitar cuyo cordón umbilical no ha cortado, ni desmontado y al que el Concejo Colegiado del Generalato colombiano aplica su razón de ser; es un ejército concebido a imagen y semejanza del ejercito Imperial. Basta mencionar las torturas en Irak y Guantánamo para que la juiciosa oficialidad colombiana califique por su comportamiento y atrocidad.

Una reciente película que parecía un enlatado sobe el desempeño de los Marines en Vietnam, resultó de reveladora actualidad. Se llama: NACIDOS PARA- MATAR de Dirección y Producción de STANLEY RUBRICH. Reseña el clásico y ejemplar trato que desde el primer día el Instructor aplica al recluta. La tenacidad como el Sargento Instructor "moldea" la abulia y personalidad del recluta para generar un estereotipo de mentalidad cuadrangular, al que a punta de insultos, improperios, vejámenes, gritos, humillaciones, castigos físicos, comparaciones grotescas, regerjugita y vomita sobre la dignidad humana la condición de un recluta al que por convertirse en Marine invasor, no le está permitido morir. Así, convertido en un minusválido de dignidad e identidad, está preparado para MATAR!.
Un primer desenlace del guión lo resume la escena, en los Sanitarios, en que el recluta convertido en esquizofrénico resentido apunta con su fusil cargado al estúpido Sargento Instructor, quien aturdido y en ropa interior había saltado de su camarote y atinado colocarse un desvencijado casco. A la primera orden de comando para que el recluta se someta le perfora de ensordecedor balazo, su pecho, ya no condecorado de latón; para a continuación, el moldeado recluta autovolarse los sesos.
Un segundo desenlace del guión lo registra en el campo de batalla, cuando seis Marines rodean a una guerrillera del Vietcong, francotiradora que les había causado varias bajas, quien gravemente herida balbuceante implora por su vida. Otro moldeado recluta protagonista de la cinta, en círculo se plantea: abandonarla o ceder ante la presión de sus compañeros, de asesinarla. En honor a su formación cuadrangular cumple con Matarla! Es este el mismo modelo de comportamiento de la tropa del ejército colombiano, contra su pueblo.

A toda vista, no existe cabida ante la opinión nacional e internacional para que el Generalato colombiano califique esta nueva y rutinaria hoja de desenvolvimiento de un ejército Terrorista de Estado, como un caso aislado o de indisciplina individual a investigarse. No!. Casos hay muchos, recordemos nada más Guaitarilla y Jamundí; los asesinatos de campesinos haciéndolos aparecer como 'guerrilleros dados de baja en combate', e incluso hasta un joven retardado mental en Valledupar; los casos reiterados de 'fuego amigo' y balaceras entre diferentes fuerzas oficiales por 'errores de comunicación', etc.
El ejército colombiano está carcomido por la corrupción y la Historia nos enseña que en proceso revolucionario, una de las manifestaciones del Nuevo Poder en el escenario político es el derrumbe y deserción del aparato militar represivo. El Nuevo Poder tendrá que construir su propio ejército de la base del ejército popular y dotarlo de una Doctrina Bolivariana que le permita ver a sus conciudadanos como la razón de ser de su existencia, no como un enemigo como sucede actualmente. Ese Nuevo Ejército garantizará la soberanía nacional y resguardará nuestras fronteras del ataque de fuerzas invasoras extranjeras que tratarán por mandato imperial de impedir la consolidación del proceso revolucionario de la construcción de ese Nuevo Poder.